





Por: Dr. Darío Nin
Sembrando patria, sembrando conciencia
La educación no existe solo para enseñar a leer, escribir o calcular. Existe para liberar al hombre de las cavernas del primitivismo, del egoísmo y de la ignorancia, impulsándolo hacia una transformación social que asegure su bienestar y el de sus semejantes.
Ese es el espíritu profundo del artículo 63 de la Constitución Dominicana, que reconoce la educación como un derecho y un deber fundamental del ser humano y del Estado.
Este artículo, compuesto por trece acápites, define una visión integral que va más allá del aula:
Garantiza el derecho a la educación y el deber del Estado de hacerlo efectivo.
Declara su carácter obligatorio y gratuito en los niveles inicial, básico y medio.
Exige que la enseñanza sea integral, crítica, científica y humanista.
Reconoce el derecho de las familias a elegir la educación de sus hijos.
Garantiza la libertad de enseñanza, siempre dentro de los principios constitucionales.
Impulsa la educación superior, el pensamiento libre y la investigación.
Promueve la educación inclusiva para personas con discapacidad o necesidades especiales.
Reconoce la educación técnico-profesional y el trabajo como medio de dignidad.
Asegura la participación de la comunidad educativa en la gestión de los centros.
Fomenta la educación ambiental, deportiva, artística y cultural.
Respeta la diversidad cultural y los saberes locales.
Garantiza la alfabetización y la educación permanente para adultos.
Y culmina —con una fuerza ética y moral sin igual— proclamando la formación ciudadana como eje central de todo el sistema educativo.
Este último acápite ordena que en todos los niveles de enseñanza sea obligatoria la formación cívica y moral, la cultura constitucional, el conocimiento de los derechos fundamentales, los valores patrios y la convivencia pacífica.
He aquí la respuesta a por qué existe la educación:
Para formar ciudadanos libres y conscientes, no súbditos.
Para despertar el pensamiento crítico, no la repetición mecánica.
Para fundar una sociedad solidaria, justa y pacífica, no una que sobreviva entre sombras.
En suma, la educación —como la concibió Duarte, como la establece la Constitución— es la antorcha que ilumina las cavernas del atraso moral y social.
Sin educación no hay libertad; sin civismo no hay nación; sin valores no hay humanidad.
Educar es liberar. Educar es humanizar. Educar es construir patria.
Nos volveremos a ver en el camino. Hasta la próxima. Que Dios nos continúe bendiciendo!!!
Dansfd 09102025SDERD Dania
